La prostitución ha existido siempre. Posiblemente ésta no sea una circunstancia discutible. Las razones de esta longevidad pueden encontrarse en matices sociológicos psiquiátricos o funcionales. Por cierto, la paridad sexual ha alcanzado a este mercado (quizá no en número, pero…), no hay más que asomarse a la sección de contactos de los diarios. Otra obviedad es que se trata de un fenómeno que germina tanto en sociedades modernas y desarrolladas como en contextos corruptos y deprimentes. España es un gran ejemplo. Nuestra sociedad jamás ha sido más rica, prospera y civilizada, pero sin embargo nunca el índice de demanda de estos servicios ha florecido como en nuestro tiempo. De hecho, la multiculturalidad de la oferta (propiciada por las mafias) nos muestra uno de los mayores lastres de la cultura globalizada, el tráfico de seres humanos, la trata de blancas vamos.

Las razones de este desarrollo pueden variar en función del especialista consultado. Un sociólogo hablará de que el ímpetu consumista ha alcanzado a este sector—quiero sexo, lo puede pagar y accedo a él. Un psiquiatra reducirá el asunto a un cuadro clínico caracterizado por matices existenciales. Pero, más allá de sus causas, seguramente indescifrables a partir de la arbitrariedad de la conducta humana, debería asumirse como algo que existe, ha existido y existirá. A partir de esta premisa parece desconcertante el hecho de que, salvo en Holanda, el vacío legal sea tan profundo.

La teatral clandestinidad de esta promiscuidad remunerada propicia y ha propiciado un mercado negro donde no existen ni derechos elementales ni libertades fundamentales. Así, con una regularización de la prostitución el primer ataque sellaría el avance de un mercado negro que crece sin cesar. Las utopías feministas quedan bien lejos en este tramo de la cuestión. Primero libertad en el ejercicio profesional y después motivación para la educación de las conciencias. Por supuesto la higiene médica depende en la mayoría de los intercambios del azar biológico. Por tanto, un mensaje razonable hablaría de actividad legislativa, derechos laborales (paro, bajas por enfermedad y acceso a las prestaciones básicas de la seguridad laboral) y condiciones higiénicas adecuadas en el lugar de trabajo. Si todos somos iguales, todos debemos ser iguales.